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La Propiedad

La España, según la gráfica expresión del célebre poeta Núñez de Arce, le dio a la América su religión y su lengua, pero no libertad, porque no podía darle un don que no tenía.

De aquí que los hispanoamericanos hayamos tenido y tengamos aún una organización política que se opone a los progresos materiales, a los sanos principios económicos y a los nobles fines sociales. Entre nosotros el personalismo lo es todo. Nuestra existencia política es una perpetua agonía entre las crueldades de las guerras civiles. Los derechos individuales existen en la ilusoria teoría de Infinitas leyes. La autoridad es la arbitrariedad. Nuestras clases populares son arrastradas por la pendiente del reclutamiento a la holgazanería, a la guerra y a la muerte. Nuestros partidos políticos carecen de filosófica organización y de hábitos civilizados. La propiedad está expuesta a las continuas agresiones de los bandos, ora sean Gobierno ó Revolución, en una palabra, somos la antítesis de los pobladores del norte de la América.

Tratándose de la propiedad urbana y rural, jamás ha sido entre nosotros amparada y respetada. Los colonizadores españoles se apoderaron de todas las riquezas indígenas. El régimen colonial estableció el odioso sistema del secuestro; los luchadores por la independencia lo practicaron y legalizaron con sistemática frialdad; y en nuestras luchas intestinas esta el terrible sistema vigente si no en las leyes en las salvajes costumbres.

GONZALEZ GUINAN, Francisco, Historia Contemporánea de Venezuela, Parte II Capítulo XVII, buscar por Núñez de Arce, Editor F R Viera L, Caracas 2003, libro en Compact Disc.