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Los países socialistas fracasaron estrepitosamente en organizar la producción industrial y agrícola. En 1921 el partido comunista soviético (Ruso) restituye a los campesinos la propiedad de sus productos, abre el comercio, e instituye el pago de impuestos. También entregó la industria a los capitalistas europeos y americanos. Lo único que no restituyó fue la libertad de expresión. Estos fracasos los repitió China y después Cuba que además de sufrimiento para sus respectivos países también demuestra lo anticientífico de una teoría que obliga a repetir los mismos fracasos. El engorroso marxismo, en sus falaces análisis del sistema capitalista, crea las bases para estos fracasos. C. Marx copia las teorías de un jugador de la bolsa de valores de Londres, D. Ricardo, las cuales caracterizan al trabajador como esclavo y como animal de carga. Con estos análisis y las continuas alabanzas del marxismo por sus seguidores garantizan la repetición de los mismos esquemas por lo cual llegan a ser los mayordomos de los capitalistas.
C. Marx escribe[1] “Los grandes economistas como Smith y Ricardo,… cuando tratan especialmente de él (Capital mercantil), como hace Ricardo al estudiar el comercio exterior, intentan demostrar que no crea valor (ni tampoco por consiguiente plusvalía). Y lo que rige para el comercio internacional, rige también para el comercio interior.”
C. Marx insiste: “Aquí nosotros decimos “donde hay igualdad no puede haber ganancia”[2] y mas adelante dice: [3] “por mas vueltas que se le dé, el hecho permanece inalterado. Si son cambiados equivalentes, no aparece sobrevalor. La circulación, o el cambio de mercancías, no resulta en valores.”
Siguiendo las enseñanzas de sus maestros D. Ricardo y Adam Smith, Marx no ve los inmensos beneficios que se producen en el comercio exterior para Inglaterra. Ya para la época de D. Ricardo, Inglaterra tenía una sólida flota naval para garantizar su comercio en las colonias y en las semi-colonias. Smith y Ricardo ejecutan la tarea de ocultar las fabulosas ganancias que obtienen los comerciantes ingleses de las colonias y la correspondiente pérdida para los países coloniales y todo resultado del evidente intercambio desigual que se produce cuando se intercambian productos de alta elaboración con materias primas y todo bajo sistemas de monopolios.
Desde los años 1300 Inglaterra favoreció la producción manufacturera y su exportación en lugar de la producción de materias primas, se prohíbe la exportación de lana y se prohíbe la importación de telas. Esta política continúa y se muestra de una forma patética en la cita siguiente.[4] “las políticas introducidas a partir de 1721 estaban deliberadamente dirigidas a promover las industrias manufactureras. Al presentar la nueva ley mediante el discurso real ante el Parlamento, Walpole declaró que «es evidente que nada contribuye tanto a la promoción del bienestar público como la exportación de productos manufacturados y la importación de materias primas extranjeras»”
Es decir que la política dicha y repetida por los estadistas y comerciante ingleses, de la ventaja de vender productos manufacturados y comprar materia prima no es tomada en cuenta por C. Marx, ni siquiera en el tomo III del capital, titulado “El proceso de la producción capitalista en su conjunto”. Es decir, que C. Marx coincide con los teóricos del capitalismo en el propósito de ocultar las inconcebibles ganancias obtenidas en el comercio exterior. Era el tiempo en que los demás países estaban poniendo impedimentos a la circulación de mercancías inglesas y para el beneficio de los comerciantes y capitalistas ingleses había que convencer a los demás países de quitar aranceles (sin que Inglaterra quitara los suyos). Los teóricos de la libertad de comercio hablaban del intercambio libre y la libertad. En el intercambio libre se ocultaba que Inglaterra participaba con manufacturas mientras que los otros participaban con materia prima.
Quizá hoy en día sea más fácil entender que en dos regiones de niveles productivos diferentes existen dos sistemas distintos de referencia para evaluar el valor de las mercancías y de esta manera. Una misma mercancía tiene valores diferentes en regiones de diferente nivel productivo.
C. Marx no ve la realidad de acumulación de capital en el comercio exterior que era completamente evidente para su época, se obtienen ganancias que están más allá del valor-trabajo producido en la metrópoli. En el capítulo 7, Mercantilismo, del libro Valores y antivalores se da una vista general de la acumulación de capital en el comercio exterior. C. Marx simplemente es tan ciego como un topo con este campo de la acumulación de capital.
Esta falta de vista de C. Marx y por supuesto los seguidores que veían con los ojos del maestro, sirvió para desarrollar una política por los que hoy son los partidos socialdemócratas de la II Internacional que no veía la importancia del comercio internacional y se limitaba a las reivindicaciones laborales locales. La Primera Guerra Mundial los cogió por sorpresa.
Si Marx no entendió nada de la acumulación del capital en el comercio de regiones de distinto desarrollo, peor fue para el reconocimiento de la acumulación del capital en el proceso productivo. En este camino se agarró de la chaqueta de David Ricardo. Este último definió el valor de la siguiente manera: : “El valor de una mercancía, o la cantidad de alguna otra mercancía por la cual esta se cambiaría, depende de la cantidad relativa de trabajo la cual es necesaria para su producción, y no de la mayor o menor compensación que es pagada por tal trabajo.”[5]
En esta definición, D. Ricardo desconecta el valor de una mercancía de lo que se le paga al trabajador, es decir el valor de la mercancía NO DEPENDE de la compensación pagada por tal trabajo. Esto es completamente falso. Para comprobarlo basta referirse a varias situaciones conocidas por cualquiera que tenga alguna relación con las manufacturas. El trabajo a destajo hace depender lo pagado al trabajador de la cantidad de valor que crea. Cuando una mercancía se vende en función de su costo de producción, su valor depende del salario pagado a los trabajadores. En un mismo centro de producción se pagan salarios con un desnivel de hasta 20 a 1, y los empresarios no se caracterizan por regalar el salario, sino que quien produce más valor gana más. Pero lo que dice Ricardo se refiere a los deseos del capitalista que quiere que le trabajen solo por lo que necesita el trabajador y que no le toquen su ganancia. Este concepto lo aplica Ricardo cuando abogó contra una propuesta en el parlamento británico, en que se quería poner un impuesto a los telares de vapor a fin de ayudar a los trabajadores que quedaron desempleados.
Un segundo error no menos importante en la definición de D. Ricardo, está en la atribución de TODO el valor creado en el proceso productivo a los trabajadores, excluyendo a los ingenieros, la organización del trabajo y las innovaciones en general. Esto se entiende porque D. Ricardo pertenece al grupo de capitalistas que aportan el capital y no a los empresarios que organizan la producción. Esto es solo un episodio más en el regateo entre los capitalistas financieros y los capitalistas que están al frente de la producción. Esto trata a los trabajadores como a bobos, llenándoles el ego con que todo el valor es producido por ellos para luego negarles toda participación en el valor producido.
C. Marx se explica en largos capítulos[6], a veces en burla, otras en chiste, solo para decir que el valor de la mano de obra depende del costo de la manutención del trabajador y no del valor producido en el proceso de producción. O sea, repite la definición de D. Ricardo.
Esta definición de D. Ricardo, es también negativa si consideramos que el talento está distribuido al azar entre la población, y los trabajadores son los mas numerosos. Es decir, que al no retribuir a los obreros con el producto de su trabajo o el valor que crean, se desestimula su creatividad. Al volverse estas definiciones prejuicios, influye en contra de las innovaciones. Si se hiciera un estudio del desenvolvimiento de Inglaterra con respecto a Alemania, Francia y Estados Unidos en el siglo XIX, se encontraría que lo expresado por D. Ricardo, resulta en un bajo crecimiento industrial relativo de Inglaterra y la gran miseria de los trabajadores de la época victoriana. Algunos autores hablan de que el siglo XIX fue el siglo de Francia. La no-retribución de los trabajadores y el consiguiente desestímulo para la innovación también podría servir para entender el deplorable desempeño de los países socialistas guiados por la ideología marxista.
De acuerdo a lo dicho, Marx se encuadró en la ideología dominante del capitalismo inglés para hacer sus teorías “proletarias” y “revolucionarias”. Visto de esta manera suena contradictorio, pero no debemos olvidar que Marx, en su juventud, formó parte de un numeroso grupo de estudiantes alemanes, que les fue lavado el cerebro por un filósofo alemán llamado Hegel. A la muerte de Hegel, todos abrieron los ojos y salieron echando pestes de su carcelero mental, mientras que Marx fue uno de los pocos que siguió defendiendo a su maestro.
Para que la humanidad pueda retomar su camino de progreso, debe deshacerse de estos errores que han llevado a las más espantosas dictaduras, a la explotación más vil de los trabajadores. El fracaso en la producción y los reclamos de la población de los países socialistas ha provocado que últimamente los comunistas en China, Cuba y Vietnam estén asociados a las empresas norteamericanas para tener oferta de productos, suministrarle mano de obra barata (esclava) y de esta manera se convierten en los mayordomos de la Macolla Capitalista Mundial, con el agravante de que las dictaduras socialistas bajo las ordenes norteamericanas se prestan para poner industrias contaminantes que no pueden poner en Estados Unidos.
[1] El Capital, K. Marx, Tomo III, Fondo de Cultura Económica, 1972, Quinta reimpresión, p. 314
[2] El Capital, K Marx,, Tomo I, Capítulo 5, Edición HTML, ”Here we must rather say, "Where equality exists there can be no gain"
[3] Ob. citada “Turn and twist then as we may, the fact remains unaltered. If equivalents are exchanged, no surplus-value results, and if non-equivalents are exchanged, still no surplus-value. [18] Circulation, or the exchange of commodities, begets no value.”
[4] publicado http://www.socialismo-o-barbarie.org/calamidades_capitalistas/041107_historia_libre_comercio.pdf.
[5] “The value of a commodity, or the quantity of any other commodity for which it will exchange, depends on the relative quantity of labour which is necessary for its production, and not on the greater or less compensation which is paid for that labour”. On The Principles of Political Economy and Taxation, London: John Murray, Albemarle-Street, by David Ricardo, 1817, (third edition 1821)
[6] El Capital, C. marx, Tomo I Capítulos 1 a 4.