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FRAUDE

Por Roberto Viera

La revocación de mandatos tal como lo especifica la constitución es fraudulenta. En caso de ser revocado un diputado, es sustituido por su suplente. En lugar de revocar, lo que garantiza es la continuidad de la política del representante rechazado. En el caso del presidente de la república, el revocado designa a su sustituto, es decir, si el presidente es rechazado por su mal desempeño, quien queda es el vicepresidente uno que va a continuar sus políticas pero de peor forma. Esta es una característica de toda la legislación generada por el Presidente Chávez, es un espantoso fraude.

Sin extendernos en toda la legislación chavista, debemos nombrar la Ley Orgánica de Hidrocarburos, que después de una pomposa introducción nacionalista, lapidariamente establece que las transnacionales pueden instalar refinerías en Venezuela. La Ley de Hidrocarburos Gaseosos permite la extracción y la distribución doméstica de gas por las transnacionales. O la ley de telecomunicaciones, que permite a las transnacionales ubicarse en telefonía, TV por cable o por satélite, transnacionales cuyo capital es mayor que el PIB de Venezuela.

El fraude en la revocación del presidente, se ancló en el corto período de revocación, el cual es limitado entre la mitad del periodo presidencial y 2/3 de este. El CNE designado por la dictadura de Chávez, lleva a la oposición hasta el último día en que es válido el referendo, y así con la amenaza de que se agotaba el tiempo de la revocación, obligó a la oposición a aceptar sus condiciones: las máquinas de votación y una serie de medidas que evadían el control. En realidad este procedimiento diabólico fue el mismo que se usó en la discusión y aprobación de la Constitución, a la cual Chávez le fijó plazo. Las grandes casas de bolsa de Nueva York acorralan a los inermes inversionistas individuales, fijándoles plazos en las negociaciones. Esta es la asesoría que Chávez paga con los recursos naturales de Venezuela y con la descapitalización del país a favor de las casas de bolsa de Nueva York.

Fraude es comprar los votos.  Fraude es utilizar una política de Estado como es el otorgamiento de la nacionalidad a un millón de personas con miras a obtener votos. El filón que representa la extorsión a los ciudadanos nacionalizados es puesto en función de los intereses electorales del presidente. Estas personas temen que su nacionalidad se pierda y quedan obligadas a votar por quien se las garantiza y hasta  quedan agradecidos. No es coincidencia que una de las medidas que está aplicando el presidente Bush en la campaña elñectoral, es favorecer a los inmigrantes ilegales, lo cual le garnatizaría ganar la elección. Los asesores electorales de Bush y Chavez son los mismos. Miles de desempleados creados por la política económica traidora al servicio de la transnacionales, son comprados con becas. Fraude es traer a los médicos cubanos, muchos de ellos rehenes, a quienes no se les permiten traer a sus familiares, con vistas a obtener votos, para crear una metástasis de la sangrienta dictadura precapitalista de Cuba.

Ernesto Alvarenga cumplió el deber. Su ejemplo detuvo el mórbido paseo de los sicarios cerebrolavados de Chávez. La función teatral estaba concluyendo exitosamente. Las bandas armadas pululaban amenazantes intimidando a los ciudadanos. El terror chavista, único actor quedaba dueño del terreno. La ejecución pública de una anciana, mostró al mundo lo que es Chávez. El regreso a la ausencia de leyes. Obedecer la voluntad del tirano como única alternativa para seguir respirando. El mundo abismado entendió lo que es el diabólico proyecto de Chávez: fraude.